Me invade un dulce sueño debajo de las sabanas.
Entra sin hacer ruido, deja el abrigo en el perchero como aquel que se quita todo un peso de encima y el olor a tabaco. Se acerca lento, viene flechado a besar mi rostro claro.
-Abre los ojos, mirame - me dice apenas susurrando.
Y yo obedezco con rostro risueño pero cuado abro los ojos él ya no está.
No hay comentarios:
Publicar un comentario